Nuestra ciudad: La ciudad de las mujeres

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La ciudad, no solo es un concepto físico; sino que hace también referencia a otras dimensiones. Si la urbs alude a la definición física, la civitas se refiere a la cultura, sus valores y su organización económica y la polis a su dimensión administrativa y a la distribución del poder. En La Ciudad de las Damas, Christine de Pizan encuentra sus materiales constructivos en las contribuciones que las mujeres han realizado a la humanidad enfocando desde una óptica femenina y convirtiendo a las mujeres en sujeto político.

 

La Ciudad de las Damas (Londres, British Library, Harley 4431)

El libro de La Ciudad de las Damas (terminado en 1405) es quizás la obra literaria más famosa de la poeta francesa Christine de Pizan. Está considera da una obra clave en la Querella de las mujeres.

 

El libro es su respuesta al popular Roman de la Rose de Jean de Meun. Pizan combate las afirmaciones de Meun sobre las mujeres creando una ciudad alegórica.

 

Ella defiende a las mujeres citando una amplia gama de mujeres ilustres de la historia. Estas estarán «alojadas» en la Ciudad de las Damas, alegoría que abarca toda la obra. A medida que Pizan construye su ciudad, nombra a mujeres ilustres para defenderse de los argumentos misóginos vertidos por numerosos y sabios autores. Cada mujer nombrada va a ser un ejemplo de esa contra-argumentación.

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El Roman de la Rose es una obra que ha tenido una gran trascendencia a través de los siglos, llegando a ser uno de los textos más copiados y leídos de la Edad Media. Un auténtico bestseller medieval.

La obra es, a la vez, una canción de amor cortés, una historia de iniciación y un juego literario que emplea espejismos, metáforas y otros recursos literarios.

El autor, que habla en primera persona de la historia (L’Amant), viaja en sueños a una huerta habitada por Déduit (Placer) y sus compañeros: Jeunesse (Juventud), Richesse (Riqueza), Liesse (Júbilo) y Beauté (Belleza). Los actores reales de la fábula son los ideales del amor cortés. Ésta relata las aventuras del Amante que, habiendo caído en las leyes del Amor, debe evitar las trampas de Male Bouche (Boca Sucia), Dangiers (Peligro) y Jalouise (Celos) para ganar a su dama, la Rosa.

Liber Scivias (Hildegarda de Bingen, s. XII)

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Santa Hidelgarda de Bigen (Renania-Palatinado, Alemania, 16 de septiembre de 1098 – Monasterio de Rupertsberg, Bingen, Rheinhessen, Renania-Palatinado, Alemania, 17 de septiembre de 1779) fue una abadesa, líder monacal, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. Es conocida como la sibila de Rhin y como la profetisa teutónica.

 

Considerada por los especialistas actuales como una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas del Occidente europeo, se la definió entre las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media, entre las figuras más ilustres del monacato femenino.

Dotada de una cultura fuera de lo común, comprometida también en la reforma de la Iglesia y una de las escritoras de mayor producción de su tiempo.

 

De las obras religiosas que escribió Hidelgarda, destacan tres de carácter teológico: Scivias, sobre teología dogmática; Liber vite meritorum, sobre teología moral; y Liber divinorum operum, sobre cosmología, antropología y teodicea.

 

Además escribió obras de carácter científico: Liber simplicis medicine o Physica, es un libro sobre medicina, dividido en nueve libros sobre las correspondientes propiedades curativas de plantas, elementos, árboles, piedras, peces, aves, animales, reptiles y metales. El más amplio de tales capítulos es el primero dedicado a las plantas, lo que indica que Hidelgarda tenía amplio conocimiento en su aplicación terapéutica desde una perspectiva holística.

 

En este libro aplica la difundida teoría médica medieval de los humores que relaciona con la idea de que la constitución de los seres a partir del plan divino se realiza a través de cuatro elementos constitutivos cuyo equilibrio determina sla salud o enfermedad del individuo. Es por tanto la primera que relaciona a cada humor con un animal concreto.

 

Códice de trajes (s. XVI, manuscrito, BNE)

Las beguinas eran una asociación de mujeres cristianas, contemplativas y activas, que dedicaban su vida a la ayuda a los desamparados, enfermos, mujeres, niños y ancianos, y también a labores intelectuales. Organizaban la ayuda a los pobres y a los enfermos en los hospitales, o a los leprosos. Trabajan para mantenerse y eran libres de dejar la asociación en cualquier momento para casarse. En resumidas cuentas, eran mujeres cristianas, pero alejadas de la Iglesia católica, por lo que fueron perseguidas.

 

Eran autónomas y autosuficientes, pero los más llamativos es de que se dedicaban literalmente a hacer el bien, a ayudar al prójimo, al necesitado. Trasladado a nuestros días, serían como una especie de ONG pero sin ayuda económica de ningún tipo. Ellas solas se bastaban.

Pero su forma de ser chocaba con los intereses de la Iglesia: eran mujeres, pero sobre todo eran buenas personas. Algunas fueron encarceladas por escribir libros y, eso al tratarse del sexo femenino era ser objeto de castigo.


La beguina mística más famosa es sin duda Hadewych de Amberes (hacia 1240), autora de varias obras en poesía y en prosa.

«Como escritoras, las beguinas encontraron el obstáculo de ser lacias y mujeres, pero alegaron el mandato de la inspiración divina. En este sentido, las beguinas rivalizaron con el poder eclesiástico y patriarcal, al considerar la experiencia religiosa como una relación inmediata con Dios, que ellas podían expresar con voz propia sin tener que recurrir a la interpretación eclesiásticas de la palabra divina.»


Se considera que las beguinas, junto con los trovadores y Minesänger, fundaron la lengua literaria flamenca, francesa y alemana. Participaban en la apertura del saber teológico a los laicos, tomándolo del latín clerical y vertiéndolo a las lenguas vulgares.

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Salamanca, 1588

A tan solo seis años de la muerte de Santa Teresa, sus vivencias místicas y espirituales, junto con su alegría e ingenio, quedaron fijadas en los pliegos de papel por los tipos de imprenta de Guillemo Foquel, para que su sabiduría no se perdiera o desdibujase con el paso del tiempo. «El libro de la Vida», «Camino de Perfección», «Las Moradas o castillo interior», «Las Exclamaciones, Avisos y otros escritos dispersos» que recogió el editor, configuran el grueso volumen.


Esto ocurría en Salamanca, en un momento en que su Universidad estaba en el cénit de su grandeza, año 1588.


La magna empresa cultural estuvo regida por el fraile agustino Fray Luis de León, maestro en teología en la citada Universidad, que aunque no conoció ni vio a la madre Teresa, fue su entusiasta admirador a través del conocimiento que le ofrecieron sus libros, como refleja en el prólogo de esta «edición príncipe», ornado con su típico Castellano de Oro.

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